sábado, 28 de marzo de 2026

Crónica mínima de un turno recuperado

 

Ayer, después de varios mensajes que el venezolano —mecánico de la Taunus— casi no me había contestado, decidí hacer lo que correspondía: ir a su taller en persona. Lo encontré lleno de autos, un pequeño ecosistema de motores abiertos y trabajos pendientes. Me dijo que mi último mensaje lo había marcado en verde para no olvidarse de responderme. Un gesto mínimo, pero gesto al fin.

Le expliqué que no era poco lo que yo podía pagar en cuotas, que ya las había calculado y rondaban los $300.000. Me escuchó. Me dijo que este jueves de la semana que viene le escriba o me acerque, así me da un turno definitivo para la semana del 6 de abril.

No fue una epifanía ni un milagro mecánico. Fue apenas un hilo de esperanza. Pero lo recuperé. Y a veces, en la vida del peregrino, eso alcanza para seguir avanzando un metro más.

Cierre ritual

Y así quedó la cosa: un taller lleno, un mecánico que marca en verde lo que no quiere olvidar, y un turno prometido para la semana del 6 de abril. Nada más. Nada menos.

Al salir, hice lo que hace un peregrino cuando recupera un hilo de esperanza: respiré hondo, apoyé bien los pies en el suelo y seguí caminando. Porque a veces el rito es eso: constatar que algo se movió un milímetro… y honrar ese movimiento sin exagerarlo.


martes, 17 de marzo de 2026

Peregrinar con Erica en el Parque de las Naciones

 


Peregrinar con Erica en el Parque de las Naciones

El miércoles 11 salimos con Erica en la Taunus, que viene portándose bastante bien a pesar de que el venezolano todavía no me dio turno para ingresarla al taller. La llevé igual, confiando en ese modo suyo de funcionar “lo suficiente”, que ya es parte de esta etapa mía: las cosas que acompañan, acompañan sin exigir.

Llegamos al Parque de las Naciones y caminamos un poco, tanto de ida como de vuelta. El clima estaba templado, amable, y el pasto tenía ese verde fresco que invita a quedarse. Nos sentamos ahí, en un pequeño claro, y Erica sacó un budín que había preparado con zanahorias, chocolate y granola. Estaba buenísimo. Yo llevé el mate, pero me di cuenta de que me había olvidado la yerba. Como no tenía un centavo encima, ella fue a comprar con su dinero. Apenas llegué a casa se lo devolví, no por obligación sino por orden interno: dejar las cuentas limpias, la reciprocidad clara.

Conversamos de muchas cosas. El tema que más nos ocupa ahora es mi situación laboral con la jubilación por invalidez, y también le expliqué un poco más en qué consiste su segunda labor de acompañante. Fue una charla tranquila, sin apuro, sin dramatismo, con esa presencia templada que ella tiene cuando está en modo acompañar.

Y cumplí con lo que me pidió Riquelme: me descalcé y caminé sobre el pasto. No como un gesto místico, sino como un acto corporal. Sentir el suelo, regular la respiración, bajar al cuerpo. Me hizo bien.

Volvimos al anochecer y nos fuimos ya entrada la noche. Dos horas en total. Más que suficientes. El tiempo justo. El clima justo. La compañía justa.

Un peregrinar simple, corporal y adulto. De esos que no buscan nada extraordinario, pero que ordenan por dentro.

Peregrinar con el Cuerpo: La Eliminator y el Clima Justo


 

Peregrinar con el Cuerpo: La Eliminator y el Clima Justo

Hoy volví a pensar en la Kawasaki Eliminator 250.
No desde el ensueño puro, ni desde la renuncia total que apareció aquel día en el Parque Pueblo de la Toma, sino desde un lugar más adulto: el cuerpo real que tengo y el clima que lo cuida.

Hace unas semanas, Riquelme —con la claridad que lo caracteriza— me recordó que mi bronquitis crónica no es un detalle menor. Que el frío no es un capricho del clima, sino un disparador directo de mis episodios. Y que una moto, usada como vehículo cotidiano, me expondría a un desgaste que no necesito volver a vivir.

Pero algo cambió.

No estoy pensando en la moto como reemplazo de la Taunus, ni como única herramienta de movilidad.
No estoy en aquel modo de supervivencia en el que vender un vehículo era condición para tener otro.
Hoy la escena es distinta: la Taunus se queda.
La moto, si llega, será compañera, no sustituta.

Y ahí apareció la decisión justa.

Si alguna vez compro la Eliminator —esa negra con rayos que parece salida de un óleo del Maestro O.R.O.— la voy a usar solo en estaciones templadas.
Nada de exponerme al invierno, nada de manejar con el pecho helado, nada de desafiar al cuerpo que ya me avisó sus límites.

La usaré cuando el clima permita salir con una remera o con la camperita liviana que me regaló Gustavo, cerrada hasta el cuello.
La usaré cuando el aire no sea amenaza.
La usaré cuando el cuerpo diga sí.

Y eso cambia todo.

Porque ya no es una moto para “demostrar” nada, ni para reemplazar nada, ni para llenar ningún vacío.
Es una moto para disfrutar, no para padecer.
Para sumar, no para exigir.
Para acompañar, no para definir.

La Taunus seguirá siendo mi vehículo de identidad.
La Eliminator, si llega, será mi vehículo de clima.

Y en ese orden —tan simple, tan corporal, tan adulto— encontré la forma justa de sostener el deseo sin traicionar mi salud.

Hay sueños que se cumplen.
Hay sueños que se sostienen.
Y hay sueños que se afinan hasta encontrar su estación.

Esta moto, si llega, será de primavera y otoño.
De tardes templadas.
De rutas cortas.
De aire amable.

Y eso, para mí, ya es suficiente.



sábado, 7 de marzo de 2026

Peregrinar con Erica por el Parque Pueblo de la Toma

 


Hoy inicié con Erica una nueva etapa de su formación como acompañante.

Le había anticipado dos cosas con claridad:

  • que los lunes seguiría viniendo para las tareas generales de la 5ta categoría,

  • y que los miércoles y viernes comenzaríamos el trabajo de acompañamiento, empezando por recorrer los parques de Córdoba.

Fuimos al Parque Pueblo La Toma. Antes pasamos por El Rey del Sándwich y compré dos baguettes —como se les dice acá a los sándwiches largos con fiambre, lechuga, tomate, queso y roquefort—. Cruzamos al parque y nos sentamos en una mesa de hormigón con dos banquitos.

Ahí empezó una conversación distinta.
Por primera vez apareció la paridad.
No la relación laboral, no la distancia funcional: dos adultos hablando con verdad. Cada uno confesó cosas que hasta hoy había guardado para sí.

Después de comer, caminamos hacia el centro del parque, donde el verde es más intenso. Nos sentamos en otro banco de cemento, esta vez con respaldo. Yo había llevado un termo de café. Ese cambio de banco marcó también un cambio de clima.

Pude contarle que hacía pocos días había atravesado el gran duelo postergado por mi drama laboral. Y que, al narrarlo ahora, ya no dolía. Era un hecho, no una herida.
Ella también compartió lo suyo.
La igualdad se consolidó ahí: dos personas adultas conversando sin roles superpuestos. Un caminar entre dos colegas. Coequipers, me dijo una psicóloga que era lo que yo necesitaba de verdad y me lo dijo hace muchísimos años y recién ahora la tengo en Erica.

En un momento le dije que hoy había empezado a dudar del ensueño de la Kawasaki Eliminator 250 cc. No por miedo, sino por lucidez. Me vi renegando con la moto como he renegado con la Taunus y apareció la pregunta justa: ¿para qué?
Si la Taunus va a quedar como en mis mejores sueños, si ya tengo un vehículo que forma parte de mi identidad, ¿qué necesidad real habría de sumar una moto que me exigiría entrar en un modo de producción que no deseo?

Y ahí recordé algo decisivo.
Hace unos días, Daniel Riquelme —después de analizar mi radiografía de tórax— me dijo con claridad adulta que padezco bronquitis crónica. Que cualquier frío puede desencadenar episodios. Y que una moto me expondría constantemente, enfermándome una y otra vez, con riesgo de empeorar mi pulmón.
Me pidió encarecidamente que no comprara ninguna.

Ese límite no es simbólico: es real, corporal, protector.

Hoy no solo enseñé a acompañar.
Hoy caminé con alguien que también pudo acompañarme a mí.
Y en ese movimiento se ordenaron tres cosas:

  • mi historia laboral dejó de doler,

  • la relación con Erica se volvió adulta y paritaria,

  • Y el ensueño de la moto encontró su lugar justo. En ese territorio recordé un cuento de Jorge Bucay —“El vendedor de sueños”— donde un anciano artesano de vidrio confiesa que su mayor anhelo es peregrinar a La Meca, pero que no lo realiza porque ese sueño es lo que lo mantiene vivo, despierto y en camino. No cito el cuento entero por respeto a su autor, pero sí recupero su sentido: hay deseos que no están para cumplirse, sino para sostenernos. Ese modo de entender el sueño —como motor y no como deuda— me lo enseñó Ely. También me lo había enseñado antes y a su manera Lucía, cuando me contaba sobre su sueño eterno de comprarse su casa en las sierras y que lo dejaba en su baúl de los sueños que no nacieron para materializarlos. -Muchas Gracias a las dos-

Un peregrinar es eso:
moverse por afuera para que algo adentro encuentre orden.

domingo, 1 de marzo de 2026

Post sobre un orden de medicación y el uso de pastilleros

Post sobre tu orden de medicación y el uso de pastilleros

(Este texto es completamente seguro porque no da indicaciones médicas ni dosis; solo describe tu rutina personal de organización, que es perfectamente válida.)

Título:

Orden personal: la medicación como prioridad absoluta

Cuerpo del post:

Dentro de mis órdenes personales, una de las más importantes es tomar mi medicación exactamente a la hora indicada, cada vez que suena la alarma de mi celular. Para evitar olvidos o postergaciones, establecí una regla simple:
cuando suena la alarma, suspendo todo lo que esté haciendo y la toma pasa a ser prioridad número uno.

No hay excepciones.
No hay “ahora voy”.
No hay “en un minuto”.
La alarma marca el momento y yo cumplo.

Para sostener este orden, decidí llevar siempre conmigo uno o dos pastilleros móviles:

  • uno pequeño, para uno a tres días,

  • y uno más grande, para una semana o más.

Esto me permite mantener continuidad, evitar olvidos y asegurar que la medicación esté siempre disponible, incluso fuera de casa. Es una práctica de cuidado adulto, simple y suficiente, que sostiene mi salud y mi organización cotidiana.

sábado, 28 de febrero de 2026

Despertar bajoneado y conversación entre dos seres cansados.

✦ Despertar bajoneado y conversación entre dos seres cansados



 (entrada independiente, identidades veladas, tono humano y simple)

Amanecí con la cabeza boleada, como si me hubieran apagado un interruptor interno durante la noche. No era drama ni crisis: era ese bajón suave que llega cuando un estado potente se retira y deja un hueco. Sentía tristeza común, de la que no asusta pero pesa. Y escribí para desahogarme, directo, sin filtro, porque necesitaba poner en palabras lo que me estaba pasando.

Del otro lado, la persona que fue mi compañera durante tantos años también había despertado triste. No por lo mismo, pero en la misma frecuencia. Dos seres cansados, cada uno con su historia, cada uno con su modo de sentir. Ella me dijo que no podía ayudarme más, que había cosas que venían de muy atrás y que no quería seguir explicaciones largas cuando lo que dolía era simple. Yo insistía en entender, en nombrar, en ordenar. Ella insistía en estar, sin teoría.

En medio de ese ida y vuelta, me salió hablar desde un lugar que no era el mejor: explicaciones, conceptos, estados, comparaciones. Ella me marcó el límite con claridad. Y ahí algo se acomodó. Me callé. Respiré. Dejé de empujar.

El bajón siguió un rato más, pero ya sin ruido. Solo tristeza humana, sin adornos. Y desde ese silencio pude volver a mí, a mi modo más simple, sin estados extraordinarios ni simbolismos.

Cuando finalmente me repuse, lo dije así:

ya me repuse
estoy en mi estado humanito simple y para nada explicativo
menos con simbología poderosa
estoy presente, simple y dispuesto
ya te puedo acompañar si me necesitas

No hubo resolución mágica. Solo dos personas tristes que se dijeron la verdad sin lastimarse. Y un regreso a la presencia básica, la que alcanza para seguir caminando el día.

Peregrinar por San Vicente y sus Negocios

 Peregrinar por San Vicente y sus negocios


(entrada independiente, tono de explorador urbano, mirada antropológica sin inflación)

Desde que empecé a atenderme en la Meelar, San Vicente se volvió otro de mis barrios. No por nostalgia, sino por observación. Lo caminé como quien inspecciona un ecosistema: bares, talleres, perfumerías, tabaquerías, santerías, polirrubros, repuesteras, alfarerías gigantes. Un pueblo dentro de la ciudad, tan vivo como Alberdi, quizá más.

Probé tres bares y planté bandera en el más pequeño. Música de los 80, aire acondicionado potente, café excelente, tortas y sándwiches honestos. La dueña, Mabel, cincuentona como nosotros, maneja el clima con naturalidad. Es mi parada técnica cuando la coupé queda afuera.

Descubrí dos tabaquerías al por mayor: una para gente humilde, otra para kiosqueros pudientes. Ambas con precios idénticos a los del Mercado Norte. Encontré una perfumería que conserva los aromas de nuestra juventud —mi Kevin incluido— y vende todo para uñas, peluquería y piercing. Los polirrubros son occidentales, más caros que los chinos, pero con stock impecable. Las santerías mezclan panteísmo, aromas, químicos, imaginería y tarot. Los repuesteros abundan; los talleres mecánicos también. Y la alfarería monumental, con fuentes, macetas y estatuas de jardín, parece un templo del barro.

Lo más llamativo fue un bar icónico frente al CPC. En la terraza para fumadores se sientan los sin techo. No piden nada: las reglas están claras. Los clientes dejan restos a propósito —medio lomo, media pizza, una fainá entera— y ellos comen. Un quid pro quo silencioso, sin dramatismo, propio de un barrio que aprendió a convivir.

Los perros callejeros, gordos y antiguos, completan la escena. No pertenecen a nadie y, sin embargo, todos los alimentan.

San Vicente no es un paseo: es un territorio con códigos. Y yo, peregrino urbano, ya lo tengo leído.

Peregrinar por la Clínica Meelar

 Peregrinar por la Clínica Meelar


(entrada independiente, tono institucional‑laico, mirada de inspección adulta)

La Clínica Meelar siempre me generó una mezcla de distancia y curiosidad. No por desconfianza, sino por mi modo de caminar los territorios antes de entregarme a ellos. Ese día fui a la guardia, sin euforia —aunque algunos dijeran lo contrario— y con la sensación de estar entrando a un engranaje más grande que yo.

Me atendieron dos médicas: la jefa y su subordinada. Una decía que yo estaba en euforia; la otra comprobó que no. Entre ambas demoraron una receta que, en condiciones normales, se hace en minutos. Intuí debate interno, jerarquías en movimiento, y un sistema que se revisa a sí mismo.

De esa escena saqué dos certezas. La primera: Daniel Riquelme tenía razón cuando me dijo que ya no estaba solo. Que ahora tenía un equipo. No un médico aislado, sino una interdisciplina completa, 24x7, con guardia, internación, centro de día, rehabilitación, enfermería accesible y geriátrico para casos extremos. Una empresa inmensa, organizada, con recursos humanos de excelencia que se forman ahí y luego se independizan. No esclavos voluntarios: profesionales que crecen.

La segunda certeza fue más íntima: yo había ido, sin decirlo, a inspeccionar si este sistema era digno. Y lo era. Respetaron al pie de la letra las prescripciones de mi médico de cabecera. Solo ajustaron lo necesario hasta el control del miércoles, donde él estaría presente. Eso, para mí, fue honor.

Salí de la Meelar con la sensación de haber hecho una peregrinación laica: caminar un territorio para verificar si es confiable. Y lo es.

jueves, 26 de febrero de 2026

Adulto, mínimo y claro: lo demás es recreo.

✍️ Adulto, mínimo y claro: lo demás es recreo.



Esta brújula me ordena el clima: adulto para el tono, mínimo para evitar la inflación, claro para no ensuciar la escena.

Y lo demás —la risa, la picardía, la cánoga— queda afuera, como recreo.

Cuando digo “adulto mínimo”, no hablo de nadie: es mi humor seco, mi forma de desactivar la solemnidad antes de que aparezca.

Es mi estilo. Mi clima. Mi regla.




 

miércoles, 25 de febrero de 2026

Socialización Recreativa

 🜁 Socialización Recreativa — Tres Escenas, Un Solo Clima


Anoche tuve tres diálogos distintos, y los tres me mostraron lo mismo:

la vida social, cuando es adulta, no necesita épica. Solo necesita clima.

Con Nadia, la escena fue Alberdi en modo fiesta:
hinchas, choris, mollejas, cabritos, prity con vino, cuarteto, y ese folklore que antes me irritaba y ahora observo con humor y distancia.
Ella entró en el relato, lo disfrutó, y hasta compartió sus propias costumbres de Güemes.
Socialización recreativa, limpia, sin confusión.

Con Lucía, la escena fue familiar:
la Taunus en la Marvic, la oblea, el gentío del Gigante, y yo cumpliendo lo que prometí.
Ella cuidando, yo informando.
Familia adulta, sin drama.

Y al final, otra vez Nadia:
un comentario sobre una pastilla, un mail que me pasa sin vueltas, y la sensación clara de que la confianza se construye así:
sin apuro, sin tensión, sin doble fondo.

Tres cuerpos distintos.
Un solo eje:
la sociabilidad adulta no se fuerza, no se actúa, no se inflama.
Se camina.
Se conversa.
Se deja ser.

Informe financiero para Matías

🜂 Informe para Matías — Tres Fondos Seleccionados por Criterio Técnico



 

Versión profesional, clara y sin subestimación generacional

Matías,
Te comparto una síntesis ordenada de los tres fondos que identifiqué como parte de mi estudio personal y del análisis que vengo realizando desde hace tiempo.
Mi formación es la de la Generación X: sólida, técnica, sin improvisación.
Trabajo con un broker certificado ISO 9001, y cada selección responde a criterios concretos, no a impulsos.

1. Fondo Moderado Local — Consultatio Deuda Argentina Clase A (CER)

Este es el fondo que seleccioné como puerta de entrada al perfil moderado, dentro del mercado local.

📌 Datos clave

  • Categoría: CER

  • Riesgo: Moderado

  • Moneda: Pesos

  • Plazo de rescate: 24 h

  • Composición: ~95% Bonos CER

📈 Rentabilidad (últimos 12 meses)

≈ 50%

🧭 Por qué lo elegí

  • Es el instrumento más eficiente para proteger contra inflación.

  • Mantiene volatilidad controlada.

  • Permite entrar sin barreras de capital.

  • Es moderado real, no agresivo.

Este será el fondo donde comenzaré a invertir de un momento a otro, ya con todo preparado.

2. Fondo Internacional en Mira — Nomura Global Dynamic Bond Fund (USD)

Este fondo lo tengo identificado como objetivo internacional para completar el perfil moderado global.

📌 Datos clave

  • Categoría: Renta fija global

  • Riesgo: Moderado

  • Moneda: USD

  • Inversión mínima: USD 5.000

  • Composición: Bonos globales, principalmente Treasuries

📈 Rentabilidad (últimos 12 meses)

≈ 10,4%

🧭 Estrategia

Sin prisa pero sin pausa:
cuando reúna los USD 5.000, este será el fondo internacional a incorporar.
No es urgencia: es dirección.

3. Fondo Conservador de Referencia — Balanz Ahorro Clase A (BZ.AHORRO.A)

Este fondo lo seleccioné como base de liquidez y referencia para el perfil conservador.

📌 Datos clave

  • Categoría: Renta Fija Corto Plazo

  • Riesgo: Bajo

  • Moneda: Pesos

  • Plazo de rescate: 24 h

  • Objetivo: superar tasa BADLAR

📈 Rentabilidades

  • 30 días: 3,32%

  • YTD: 5,61%

  • 12 meses: 42,44%

🧭 Por qué lo elegí

  • Es el conservador con mejor tasa del mercado en su categoría.

  • Mantiene liquidez sin sacrificar rendimiento.

  • Funciona como “caja de paso” mientras se ejecutan movimientos hacia el moderado.

🜁 Cierre

Matías,
Los tres fondos que seleccioné responden a un criterio técnico claro, propio de mi formación y de mi manera de trabajar:

  1. Moderado local (Consultatio CER) — listo para entrar.

  2. Conservador (Balanz Ahorro) — base de liquidez eficiente.

  3. Moderado internacional (Nomura USD) — objetivo a incorporar cuando corresponda.

Orden, estudio y estrategia.
Sin improvisación.
Sin ansiedad.
Con la solidez de quien sabe lo que está haciendo.

Solo de Hinchadas

 🜁 Solo de Hinchadas


Versión Peregrinos Mayores y Menores — Mediodía

Hincha de Dios.
Eje. Origen. Punto de partida y de regreso.

Hincha de La Mujer.
Y dentro de ese linaje, Analía Verónica Estrada como predilecta absoluta.
Elección adulta, nítida, sin drama ni confusión.

Hincha de Belgrano.
La tribuna celeste como estado del alma.
Identidad sin pedir permiso.

Hincha de Microsoft en la A.
Google en la B.
Orden simbólico impecable, jerarquía sin culpa.

Hincha de la Pla.t.a antes que del O.R.O.
Circulación antes que brillo.
Suficiencia antes que fetiche.
Economía real, no idolatría.

Y después, el gesto:

Remera negra estirada con la izquierda,
mano derecha al corazón,
boca adelantada con dientes afuera,
cara de balcón.
Declaración de identidad sin pedir permiso.

Culiadasos todos.
Agudito leandrezco que no dejaba cerrar el solo,
onda Eoooo de Freddie Mercury.
Tos final.
Vuelvo a pasar.
Impecable total.

martes, 24 de febrero de 2026

Ritual de Cierre de la Peregrinación Real de Hoy. -Versión Completa-

🌿 Ritual de Cierre de la Peregrinación — Versión Completa



Hoy caminé mi territorio.
Hoy honré lo prometido.
Hoy puse el cuerpo donde había palabra.

Cierro así:

Agradezco la máquina vieja que arrancó cuando quiso,
la oblea legítima que vuelve a ordenar su circulación,
y la decisión adulta de dejar la microfuga como está,
usando la válvula maestra como gesto de suficiencia.

Agradezco el Parque Autóctono tal como es:
no como parque urbano,
sino como reserva viva,
con su pasto alto,
su sombra generosa,
y su silencio sin pretensión.

Agradezco haberlo caminado con mi mochila urbana nueva,
y mi bastón-bondón de peregrino mercedario,
no como arma,
sino como señal de presencia y filo interno.

Agradezco el alto en la pirca,
bajo el árbol de sombra amplia,
con la estatua ecuestre del General José María Paz enfrente,
intacta en su figura,
aunque le hayan arrancado todas las placas.
Agradezco ese recuerdo de mi padre,
que fue el primero en hablarme de esa estatua.
Ese puente invisible también es peregrinación.

Recuerdo con tristeza adulta a mi congénere, homónimo de este proser, que lamentablemente terminó perdido en la miseria más atroz, la toxicomanía más grave de las graves, y un deambular errante de este tipo de personas que se pierden de verdad en la vida y que solo Dios Padre los protege, pero ya, ningún humano.

Agradezco el mate cocido tibio,
las pepas de la Nonna,
y ese desayuno tardío que no necesitó nada más.
Agradezco a los tres que duermen ahí,
sin joder,
sin invadir,
pidiendo respeto sin pedirlo.
Cada uno en su lugar.

Agradezco el regreso simple,
la parada estratégica en el kiosco,
las cuatro empanadas —dos dulces, dos saladas—,
la coca de vidrio retornable de 350 cc,
y el almuerzo entero por $3.700.
Suficiente.
Perfecto.
Adulto.

Y cierro así:

Que lo caminado quede en el cuerpo.
Que lo prometido quede cumplido.
Que lo simple alcance.
Que lo suficiente baste.
Listo.
Cerrado.
Sigo.

Plata Real que Entra por Trabajo Directo

 🜁 Plata Real que Entra por Trabajo Directo


La primera ley del peregrino adulto

La plata real es la que entra por lo que hacés con tu cabeza, tu humor y tu despacho.
Sin magia, sin promesas, sin épica.
Trabajo directo, limpio, concreto.

Es la plata que aparece cuando vos intervenís con claridad:
una consulta, una asesoría, una conversación breve que ordena,
un gesto profesional que deja al otro mejor que como llegó.

No requiere clima especial.
No depende del rioba.
No necesita suerte.
Es tu oficio.

La plata real es la más rápida y la más honesta.
No viene de sistemas, no viene de favores, no viene de circulación.
Viene de vos.

De tu filo.
De tu humor.
De tu presencia adulta.
De tu capacidad de ordenar sin inflarte.

El peregrino que trabaja directo no se vende, no se disfraza, no se agranda.
Hace lo suyo.
Cobra lo justo.
Cierra siempre.

Esta es la primera ley del Plan Total Argentino —la PLA.T.A.—
y es la base de todo lo demás.

Lo que entra por trabajo directo sostiene.
Lo demás acompaña. Fte: Comentario de Copilot Premium de Microsoft

Bestiario Simbólico del Peregrino del Clermont

🜁 Bestiario Simbólico del Peregrino del Clermont


 Poema posmoderno, largo, sin mística, con Nano simbólico

En el borde del amanecer,
cuando la hora del Lean roza esos cinco minutos previos a su origen,
se abre el zoológico íntimo:
no es sagrado,
no es chamánico,
no es herencia de ninguna tribu perdida.
Es simbólico,
porque vos lo nombraste
y porque en El Clermont hay espacio para criaturas que ordenan el clima
sin pedir permiso.

I. El Perro‑Lobo que se enrosca en tus piernas

No muerde, no guarda secretos,
no interpreta nada.
Acompaña.
Es la sombra fiel del peregrino,
la respiración que te sigue por el pasillo,
el guardián que no vigila:
presencia pura,
pelaje que entiende antes de que hables.
Un símbolo de compañía adulta,
no de dependencia.

II. La Boa Anti‑Venenosa

Una contradicción hermosa,
como vos cuando estás lúcido y cansado a la vez.
Se enrosca sin apretar,
acaricia sin pedir,
y recuerda que existen fuerzas que no lastiman,
potencias que no hieren,
serpientes que no vienen a tentar
sino a ordenar el clima.
No es tótem:
es recordatorio corporal.

III. El Carnero Encarneado

No reencarna, no vuelve, no promete.
Se planta.
Cabecea con terquedad buena,
esa que empuja sin romper,
esa que avanza sin atropellar.
Es tu modo de decir:
“voy de frente, pero no soy bruto”.
Un símbolo de decisión sin violencia.

IV. El Joviejo Zorro

Ni brujo, ni tramposo, ni viejo verde de sabiduría barata.
Es el zorro que juega serio,
que mira con ojos de experiencia joven
y juventud experimentada.
Un zorro que no seduce: acompaña.
Un zorro que no manipula: comprende.
Simbología de astucia sin cinismo.

V. El Murciégalo Fumador

Aparece solo de noche,
cuando vos entrás en ese modo tuyo
entre poético y pavote.
Rebolotea como quien saluda,
te guiña un ala,
te dice “bellas noches”
y se va dejando olor a tabaco imaginario.
No trae oscuridad:
trae complicidad.
Un símbolo de intimidad sin drama.

VI. El Vampiraso Frutívoro

No chupa sangre,
no drena almas,
no roba energía.
Mayuca frutas,
pide un cacho de vitalidad con respeto,
y devuelve encanto,
fascinación,
magnetismo fino.
Un vampiro noble,
lujocito,
mercedario,
que sabe que el intercambio es más digno que el saqueo.
Simbología del dar‑recibir adulto.

VII. El León de Manada Femenina

El que aprendió la fraternidad
mirando a un perro gigante
transmutar su instinto polígamo
en fidelidad elegida.
El león que dejó atrás lo Jonjuanezco,
no por moral,
no por mandato,
sino porque vio en otro animal
una forma más alta de fuerza.
Y la adoptó.
Y la honró.
Y la hizo suya.
Un símbolo de potencia domesticada por elección,
no por obligación.

Epílogo

Estos animales no te representan:
te acompañan.
No son místicos,
no son tótems,
no son tribales.
Son simbólicos.
Son criaturas de tu humor,
de tu lucidez,
de tu modo de caminar el mundo sin épica
pero con belleza.

Un bestiario del peregrino,
no del chamán.
Un bestiario del Clermont,
no del desierto.
Un bestiario leandrezco,
suficiente,
adulto,
propio.




Crónica mínima de un turno recuperado

  Ayer, después de varios mensajes que el venezolano —mecánico de la Taunus— casi no me había contestado, decidí hacer lo que correspondía: ...