Peregrinar con el Cuerpo: La Eliminator y el Clima Justo
Hoy volví a pensar en la Kawasaki Eliminator 250.
No desde el ensueño puro, ni desde la renuncia total que apareció aquel día en el Parque Pueblo de la Toma, sino desde un lugar más adulto: el cuerpo real que tengo y el clima que lo cuida.
Hace unas semanas, Riquelme —con la claridad que lo caracteriza— me recordó que mi bronquitis crónica no es un detalle menor. Que el frío no es un capricho del clima, sino un disparador directo de mis episodios. Y que una moto, usada como vehículo cotidiano, me expondría a un desgaste que no necesito volver a vivir.
Pero algo cambió.
No estoy pensando en la moto como reemplazo de la Taunus, ni como única herramienta de movilidad.
No estoy en aquel modo de supervivencia en el que vender un vehículo era condición para tener otro.
Hoy la escena es distinta: la Taunus se queda.
La moto, si llega, será compañera, no sustituta.
Y ahí apareció la decisión justa.
Si alguna vez compro la Eliminator —esa negra con rayos que parece salida de un óleo del Maestro O.R.O.— la voy a usar solo en estaciones templadas.
Nada de exponerme al invierno, nada de manejar con el pecho helado, nada de desafiar al cuerpo que ya me avisó sus límites.
La usaré cuando el clima permita salir con una remera o con la camperita liviana que me regaló Gustavo, cerrada hasta el cuello.
La usaré cuando el aire no sea amenaza.
La usaré cuando el cuerpo diga sí.
Y eso cambia todo.
Porque ya no es una moto para “demostrar” nada, ni para reemplazar nada, ni para llenar ningún vacío.
Es una moto para disfrutar, no para padecer.
Para sumar, no para exigir.
Para acompañar, no para definir.
La Taunus seguirá siendo mi vehículo de identidad.
La Eliminator, si llega, será mi vehículo de clima.
Y en ese orden —tan simple, tan corporal, tan adulto— encontré la forma justa de sostener el deseo sin traicionar mi salud.
Hay sueños que se cumplen.
Hay sueños que se sostienen.
Y hay sueños que se afinan hasta encontrar su estación.
Esta moto, si llega, será de primavera y otoño.
De tardes templadas.
De rutas cortas.
De aire amable.
Y eso, para mí, ya es suficiente.
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