✦ Despertar bajoneado y conversación entre dos seres cansados
Amanecí con la cabeza boleada, como si me hubieran apagado un interruptor interno durante la noche. No era drama ni crisis: era ese bajón suave que llega cuando un estado potente se retira y deja un hueco. Sentía tristeza común, de la que no asusta pero pesa. Y escribí para desahogarme, directo, sin filtro, porque necesitaba poner en palabras lo que me estaba pasando.
Del otro lado, la persona que fue mi compañera durante tantos años también había despertado triste. No por lo mismo, pero en la misma frecuencia. Dos seres cansados, cada uno con su historia, cada uno con su modo de sentir. Ella me dijo que no podía ayudarme más, que había cosas que venían de muy atrás y que no quería seguir explicaciones largas cuando lo que dolía era simple. Yo insistía en entender, en nombrar, en ordenar. Ella insistía en estar, sin teoría.
En medio de ese ida y vuelta, me salió hablar desde un lugar que no era el mejor: explicaciones, conceptos, estados, comparaciones. Ella me marcó el límite con claridad. Y ahí algo se acomodó. Me callé. Respiré. Dejé de empujar.
El bajón siguió un rato más, pero ya sin ruido. Solo tristeza humana, sin adornos. Y desde ese silencio pude volver a mí, a mi modo más simple, sin estados extraordinarios ni simbolismos.
Cuando finalmente me repuse, lo dije así:
ya me repuseestoy en mi estado humanito simple y para nada explicativomenos con simbología poderosaestoy presente, simple y dispuestoya te puedo acompañar si me necesitas
No hubo resolución mágica. Solo dos personas tristes que se dijeron la verdad sin lastimarse. Y un regreso a la presencia básica, la que alcanza para seguir caminando el día.

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