Hoy me levanté a las 8:08, y ya ese número me marcó el pulso del día. El 8 es mi misión, mi orden, mi justicia. Y hoy actuó como tal.
Arranqué averiguando precios de embragues reacondicionados: $100.000.
Antonio me había pasado $210.000. Segunda vez que algo me huele mal.
Le escribo. Tarda. Y recién ahí me dice que él también consigue al mismo precio que yo.
¿Y por qué no me lo dijo antes?
Porque no trabaja con claridad. Porque improvisa. Porque no es profesional.
Con esa sensación en el cuerpo, me fui a ver a Rubén, mi viejo mecánico experto en autos antiguos.
Me dice algo simple y lógico:
“Primero revisá el aceite de la caja.”
Voy al lubricentro.
No tenía nada.
Le ponen aceite + aditivo.
Salgo a la calle y el ruido baja un 50% o más.
Ahí entendí todo:
Antonio ni siquiera revisó lo básico.
Un mecánico que no revisa el nivel de aceite de la caja en un auto viejo… no es mecánico.
Es un improvisado con herramientas.
Y cuando sumo todo lo que ya venía viendo, la decisión se vuelve obvia:
Me rayó el auto al meterlo en su cochera.
No se hizo cargo.
Me hizo arreglos que yo no pedí.
Después me quiso cobrar $100.000 de mano de obra fantasma.
Lo peleé. Quedó en $50.000.
Pagado.
Ciclo cerrado.
Antonio no vuelve a tocar la Taunus.
Con la alegría de haber recuperado el control, me fui directo al electricista Iván, vecino, simple, claro, profesional.
Le pedí que me deje todas las luces en orden para pasar la ITV.
Ahora mismo está trabajando en eso.
Yo tenía destinada la cuota de $300.000 de mayo para el embrague con Antonio, pero como ya me había pasado más de $500.000, redistribuí todo para cubrir urgencias.
Me quedaron $100.000 para las luces de hoy.
Y oro para que alcance.
Hoy el 8:08 me marcó el camino:
cortar lo que drena, volver a lo que funciona, y seguir avanzando con la Taunus desde la verdad y no desde la ilusión.
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