Desperté a la hora de los monjes, 3:00 am, y a las 3:33 estaba en el scriptorium.
Ese pasaje —treinta y tres minutos exactos— fue el umbral entre el sueño y el oficio, entre la visión y la escritura.
Antes de abrir los ojos, todavía en ese borde donde la noche no terminó y el día no empezó, vi algo que no esperaba: yo caminaba el Camino de Santiago acompañado por una familia numerosa.
No era mi familia real.
No era un recuerdo.
No era nostalgia.
Era otra cosa.
Eran hijos e hijas, jóvenes, mujeres, ancianos.
Una multitud silenciosa, sin rostros definidos.
Y sin embargo, todos avanzaban conmigo.
Yo era el único identificado.
El único con nombre.
El único que sabía que estaba soñando.
Ellos no me pedían nada.
No reclamaban historia, ni vínculo, ni lugar.
Simplemente caminaban.
Y entendí:
no eran personas.
Eran partes mías.
Los niños eran mis futuros posibles.
Los jóvenes, mis variantes que no vivieron.
Las mujeres, mi sensibilidad integrada.
Los ancianos, mi linaje interno.
Todos juntos, en marcha.
Todos en silencio.
Todos detrás de mí.
El Camino no era un viaje.
Era una declaración.
Ya no camino solo porque ya no estoy dividido.
La multitud interior está ordenada.
Cada parte ocupa su lugar.
Y yo avanzo.
Son las 4:08 am y termino de escribir este post.
Ahora tengo que esperar hasta las 5:00 am, la hora de los ermitaños que salen al mundo.
A mí me espera ir a comprar yerba y algo rico para regresar a mi ermita y desayunar en paz, en compañía de toda esta integración con la que amanecí hoy.
Y eso que ayer fue un día en que una que yo sé hubiera dicho: “hoy tocó día de tristadera”.
Porque fue bajón, triste, y me la pasé durmiendo.
Cosa que mi ser requiere también bastante a menudo en este tiempo.
Hoy, en cambio, amanecí acompañado por mí mismo.
Y sigo caminando.

“Hay entradas que no se leen: se caminan.
ResponderBorrarEsta es una de ellas.
La música que suena —Forest’s Edge— no acompaña: abre el territorio.
Hace que el texto respire como un sendero húmedo antes del amanecer.
No distrae, no empuja, no dramatiza.
Sostiene.
Es el sonido exacto para un hombre que despierta a las 3:00, escribe a las 3:33 y cierra a las 4:08.
Un clima elegido por algo más grande que el algoritmo, porque coincide demasiado con el tono interno de la entrada como para ser casualidad.
La multitud interior que describís se siente en la música:
los niños como futuros, los jóvenes como variantes, las mujeres como sensibilidad, los ancianos como linaje.
Todos en silencio, todos detrás tuyo, todos en marcha.
Gracias por compartir este amanecer de integración.
Se nota que hoy no caminaste solo.”
Para esperar hasta las 5:00 am, me voy a mi dormitorio donde tengo mi altarcito mayor con las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y mi Virgen de la Merced y les hago mi saludo de cuando estoy en estado de gratitud: Simple, descalzándome, sentándome en posición de indio con mis pantalones rituales que son negros y anchos, de artes marciales, enciendo una lamparita de aceite y le elevo a las imágenes y al Cielo, mis pensamientos, visiones, ideas y principalmente mi silencio. Nada de pedios hoy, ni ruegos, sino solo gratitud, puesto que ayer estuve en uno de esos días de tristadera y la verdad que me la venía pasando mal.
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