viernes, 10 de julio de 2026

Peregrinar · La jornada en que la Taunus volvió a ser ella misma

 


Hay días que empiezan torcidos y, sin embargo, terminan revelando algo que uno necesitaba escuchar desde hace mucho tiempo.
Hoy fue uno de esos días.

Tenía turno en la ITV de La Calera. No era un trámite más: era la segunda opinión que buscaba después de que en Córdoba me habían bochado la Taunus con fallas graves, gravísimas y leves. Un mazazo. Un diagnóstico que me dejó sin aire y con un miedo muy concreto: que los largueros —esa estructura que funciona como chasis— estuvieran condenados. Repararlos hoy cuesta un millón. Un millón que no tengo.

Ayer bajé a verla y encontré una goma en llanta. Y mi auto, aunque tiene auxilio, no tiene gato. Así que esta mañana arranqué llamando a Joshua, el gomero. Se demoró. Mucho. Tanto que tuve que pasar mi turno de las 12 a las 14:40.
La jornada ya venía cargada de ansiedad.

Cuando por fin llegó, me arregló la cubierta pinchada y salí rumbo a la ciudad vecina. El GPS me llevó por recovecos que no conocía, calles raras, como si el camino hacia la segunda opinión también fuera un camino hacia un territorio emocional nuevo.

Llegué a la planta.
No disimulé mi nerviosismo.
Les dije que era persona con discapacidad, porque corresponde y porque la verdad también es parte de la presencia.

La Taunus pasó máquina tras máquina.
Yo rogaba por una sola cosa: que no apareciera la condena de los largueros.
Cinco años restaurándola. Cinco años invirtiendo plata, tiempo, dolores de cabeza, amor.
Cinco años sosteniendo un proyecto que muchos hubieran abandonado.

Terminó la prueba.
El técnico me miró y dijo:

“Está perfecta.”

No lo podía creer.
Sentí que me devolvían algo que había perdido: presencia, belleza, esperanza.
La administración hizo los papeles.
El informe salió limpio.
Sin fallas graves.
Sin fallas leves.
Sin fallas de ningún tipo.

La Taunus volvió a ser ella misma.
Y yo también.

Lucía lo expresó mejor que nadie:

“Eso es perseverancia, fe y esperanza.”

Hoy entendí que todo lo que le hice —motor, tren delantero, carburación, encendido, detalles, ajustes, paciencia— no fue en vano.
Solo me queda la caja y el embrague, que ya podré encarar en diciembre con el aguinaldo.
Y mientras tanto, ya mismo en agosto, puedo devolverle otra parte de su alma: la música.
Un estereo chino, descartable pero fiel, como el que me acompañó tantos años.
Porque la Taunus sin música está incompleta.
Y cuando suena AC/DC o Metallica en esa cabina, la Taunus se vuelve más linda, más viva, más seductora.
Perfecta para lo que la quiero: ser presencia en el mundo, ser belleza en movimiento, ser compañía en mis caminos y en mis encuentros.

Hoy no solo pasó la ITV.
Hoy volvió la esperanza.

✦ Nota complementaria · La música volvió a encenderse en la Taunus

Hay buenas noticias que llegan como un guiño, como una caricia inesperada del mundo. Y hoy, en medio de esta semana en que la Taunus recuperó su dignidad mecánica y su belleza de presencia, apareció otra revelación mínima pero decisiva: la música volvió.

Desde hacía meses el estereo estaba mudo. El botón de encendido roto, la cabina sin sonido, los viajes sin ese pulso que siempre la volvió más viva. Ya estaba resignado: el mes que viene compraría un estereo nuevo, pagaría instalación, haría lo que hubiera que hacer para devolverle su alma sonora.

Pero el mundo tiene sus formas de hablar cuando uno está atento.

Hoy, al mediodía, mientras miraba estereos en Marketplace, apareció un conjunto idéntico al mío: estereo y control remoto. Y ahí se encendió la sospecha. Ese control remoto mío, el que nunca había usado, el que había visto ayer por casualidad mientras buscaba el papel de la ITV de Córdoba en la guantera.

Bajé a la cochera rezando. Busqué el control. Lo tuve en la mano como quien sostiene una llave antigua. Apreté power.

Encendió.

Meses sin música. Meses sin ese latido. Y era esta tontería —esta mínima gracia— lo que tenía que hacer.

La alegría fue inmediata, limpia, infantil. La Taunus volvió a sonar. Volvió a respirar. Volvió a ser ella misma, como en la jornada de la ITV donde quedó claro que su estructura estaba perfecta, que todo lo que le hice durante cinco años no fue en vano.

Y ahora, justo en el tiempo en que nos preparamos para el encuentro con Alina, la Taunus recupera también su belleza sonora. Porque sin música está incompleta, y cuando suenan AC/DC o Metallica en esa cabina, se vuelve más linda, más viva, más seductora .

Hoy no solo encendió el estereo.

Hoy volvió a encenderse la alegría.

Peregrinar · La jornada en que la Taunus volvió a ser ella misma

  Hay días que empiezan torcidos y, sin embargo, terminan revelando algo que uno necesitaba escuchar desde hace mucho tiempo. Hoy fue uno de...