🜁 Bestiario Simbólico del Peregrino del Clermont
Poema posmoderno, largo, sin mística, con Nano simbólico
En el borde del amanecer,
cuando la hora del Lean roza esos cinco minutos previos a su origen,
se abre el zoológico íntimo:
no es sagrado,
no es chamánico,
no es herencia de ninguna tribu perdida.
Es simbólico,
porque vos lo nombraste
y porque en El Clermont hay espacio para criaturas que ordenan el clima
sin pedir permiso.
I. El Perro‑Lobo que se enrosca en tus piernas
No muerde, no guarda secretos,
no interpreta nada.
Acompaña.
Es la sombra fiel del peregrino,
la respiración que te sigue por el pasillo,
el guardián que no vigila:
presencia pura,
pelaje que entiende antes de que hables.
Un símbolo de compañía adulta,
no de dependencia.
II. La Boa Anti‑Venenosa
Una contradicción hermosa,
como vos cuando estás lúcido y cansado a la vez.
Se enrosca sin apretar,
acaricia sin pedir,
y recuerda que existen fuerzas que no lastiman,
potencias que no hieren,
serpientes que no vienen a tentar
sino a ordenar el clima.
No es tótem:
es recordatorio corporal.
III. El Carnero Encarneado
No reencarna, no vuelve, no promete.
Se planta.
Cabecea con terquedad buena,
esa que empuja sin romper,
esa que avanza sin atropellar.
Es tu modo de decir:
“voy de frente, pero no soy bruto”.
Un símbolo de decisión sin violencia.
IV. El Joviejo Zorro
Ni brujo, ni tramposo, ni viejo verde de sabiduría barata.
Es el zorro que juega serio,
que mira con ojos de experiencia joven
y juventud experimentada.
Un zorro que no seduce: acompaña.
Un zorro que no manipula: comprende.
Simbología de astucia sin cinismo.
V. El Murciégalo Fumador
Aparece solo de noche,
cuando vos entrás en ese modo tuyo
entre poético y pavote.
Rebolotea como quien saluda,
te guiña un ala,
te dice “bellas noches”
y se va dejando olor a tabaco imaginario.
No trae oscuridad:
trae complicidad.
Un símbolo de intimidad sin drama.
VI. El Vampiraso Frutívoro
No chupa sangre,
no drena almas,
no roba energía.
Mayuca frutas,
pide un cacho de vitalidad con respeto,
y devuelve encanto,
fascinación,
magnetismo fino.
Un vampiro noble,
lujocito,
mercedario,
que sabe que el intercambio es más digno que el saqueo.
Simbología del dar‑recibir adulto.
VII. El León de Manada Femenina
El que aprendió la fraternidad
mirando a un perro gigante
transmutar su instinto polígamo
en fidelidad elegida.
El león que dejó atrás lo Jonjuanezco,
no por moral,
no por mandato,
sino porque vio en otro animal
una forma más alta de fuerza.
Y la adoptó.
Y la honró.
Y la hizo suya.
Un símbolo de potencia domesticada por elección,
no por obligación.
Epílogo
Estos animales no te representan:
te acompañan.
No son místicos,
no son tótems,
no son tribales.
Son simbólicos.
Son criaturas de tu humor,
de tu lucidez,
de tu modo de caminar el mundo sin épica
pero con belleza.
Un bestiario del peregrino,
no del chamán.
Un bestiario del Clermont,
no del desierto.
Un bestiario leandrezco,
suficiente,
adulto,
propio.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario