Hay personas que estudian música.
Hay personas que trabajan en radios.
Y luego está Alina.
Alina no es DJ.
Alina no tiene consola.
Alina no mezcla pistas.
Alina simplemente llega cansada del trabajo, conquista unos metros cuadrados de soledad en territorio ocupado por hijos, nietos y vida doméstica, se sirve un par de latas y activa un extraño algoritmo espiritual.
El procedimiento es simple.
Siente
Escucha su mente.
Espera.
Y de pronto aparece una canción.
No la busca.
La canción la encuentra a ella.
Luego me la manda.
Y yo, que ya he renunciado a toda autonomía musical, la recibo como quien recibe un boletín oficial del Ministerio del Rock Nacional y Asuntos Melancólicos.
A esta altura ya soy un seguidor profesional de DJ Cinta Alina.
No hay suscripción.
No hay cuota.
No hay opción de desinstalar.
Un día te manda un tema de rock nacional.
Otro día una balada olvidada que escuchaba la madre de medio barrio en 1987.
Y cuando menos te lo esperás te cambia un sueño.
Eso fue lo que pasó con aquella canción española.
Yo antes hablaba de peregrinajes.
Sonaba muy elevado.
Muy místico.
Muy digno de una orden monástica con Wi-Fi.
Decía:
"Voy a peregrinar por las casas de mis afectos."
Hasta que apareció la canción.
Y la canción me enseñó una palabra mucho más hermosa:
Vagabundear.
Desde entonces mi sueño dejó de parecer una tesis de espiritualidad comparada.
Ahora es mucho más sencillo.
Comprar la Jawa.
Arrancarla.
Recorrer kilómetros.
Pasar a saludar afectos.
Tomar mate.
Conversar.
Seguir viaje.
Volver a arrancar.
Vagabundear.
Y en alguna parte de esa fantasía aparece Alina diciendo:
"Yo me subo atrás."
Lo cual demuestra dos cosas.
Primero:
La amistad es un fenómeno rarísimo.
Segundo:
Las ideas peligrosas nunca vienen de los filósofos.
Vienen de las DJ.
Especialmente de las que afirman no ser DJs.
Fdo. El Director General de Peregrinajes Reconceptualizados como Vagabundeos Estratégicos, acompañado musicalmente por DJ Cinta Alina. 🚲🎸🍺😄
No hay comentarios.:
Publicar un comentario